presentación

El incremento aparente en la prevalencia de TEA en niños, a finales del siglo pasado se hablaba de 20 por cada 10.000 niños y ahora se estima en 1 por cada 100 – 200 (160) niños, supone un cambio significativo en la conceptualización del trastorno y de los servicios que deben ofrecerse para promover el desarrollo saludable y la inclusión social de estos niños y de sus familias.

Las características nucleares del trastorno -alteraciones cualitativas de la comunicación, alteraciones cualitativas de la interacción social, repertorio de intereses y actividades restringido, estereotipado y restrictivo de la conducta y alteraciones en la integración de los estímulos sensoriales - condicionan que, en muchos casos, las personas con TEA muestren alteraciones en su comportamiento que incrementan notablemente sus dificultades para ser, participar, aprender y trabajar en su entorno social inmediato.

No se conoce a día de hoy una etiología común; su etiología es multifactorial con implicaciones de factores genéticos, ambientales y epigenéticos, con interacciones entre ellos muy difíciles de descifrar; tampoco se disponen de marcadores biológicos para establecer un diagnóstico específico.

También, se reconoce que la presencia de un miembro con TEA afecta seriamente al sistema familiar como un todo; los padres y familiares de las personas con autismo están expuestos a múltiples retos que tienen un fuerte impacto en el núcleo familiar (emocional, económico y social).

Las alteraciones de la conducta que presentan los niños, adolescentes, jóvenes y adultos, trastornos del espectro autista, son un hecho que preocupa a los padres, a los cuidadores a los educadores, a los maestros, a los profesionales, a las administraciones públicas y a la sociedad en general.

Algunos autores sugieren que adultos con autismo pueden presentar niveles de ansiedad tres veces mayores que aquellos sin autismo. Incluso, se ha comparado a las conductas ritualistas y repetitivas, normalmente asociadas al autismo, con desórdenes de ansiedad obsesivo-compulsivos. Estos síntomas de ansiedad, interpretados como "problemas de conducta", pueden interferir las interacciones sociales y educativas.

Como ya hemos señalado anteriormente, un pobre funcionamiento social es uno de los "sellos" del trastorno del espectro autista. Y los déficits de habilidades sociales incrementan la probabilidad de consecuencias negativas posteriores tales como: rechazo de compañeros, aislamiento social, resultados académicos limitados, delincuencia, empleo marginal en la edad adulta y problemas de salud mental.

Las intervenciones psicosociales basadas en la evidencia, como la terapia conductual, y que deben combinarse con medidas más generales como pueden ser los cambios en el entorno físico, social y actitudinal, pueden tener un impacto positivo en la calidad de vida y el bienestar de la persona.

Los especialistas que participarán en el congreso nos proponen, desde la evidencia, abordar los problemas de la conducta a partir de cambios en la educación, en el abordaje terapéutico, en el apoyo a las familias y en el compromiso de los contextos sociales comunitarios.

Este cuarto Congreso sigue la línea estratégica conjunta entre la Fundación Althaia y la Fundación Ampans, al trasladar el conocimiento a los profesionales y como complemento imprescindible al Curso de Posgrado sobre Salud Mental y Alteraciones de la Conducta en personas con discapacidad intelectual, y al trabajo en red mediante la gestión de servicios y apoyos a las personas que presentan alteraciones de la conducta.

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